"Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar", Khalil Gibran.
Corría el año 2008. El poder de superación es difícil, todos lo sabemos. Gabriel es un hombre duro, con una coraza grande, como ya bien dije en capítulos anteriores. La muerte de su mujer fue un golpe doloroso para él, pero tuvo una gran ayuda. En el proceso de superación le cayó un ángel del cielo. Ese ángel tenía nombre y apellidos. Se llamaba Eugenia y se conocían del mercado. Compartían profesión. Ambos eran carniceros. Tenían ciertas cosas en común y se llevaban bien, pero llegó un día que lo cambió todo.
Una hastiada mañana de domingo, Gabriel pensaba en su querida Ramona. El lugar, un banco. El porqué, un recuerdo. El cómo, la impotencia. El padre de Pablo transigía todas las pautas que uno debe seguir para quedar bien con la gente. No sé si me explico. [A veces, uno ve por obligación dar el pésame. Me parece bien que lo hagas si tenías afecto con la persona afectada o con la persona recientemente fallecida, pero no me parece bien que mucha gente quiera quedar bien consigo misma diciéndolo. Creo que es una falta de respeto que nadie ve. Pocas cosas se hacen de corazón.] El caso es que un hombre se acercó a Gabriel y le dijo: Mucho ánimo, y ya verás como seguro que encuentras a alguien, te lo digo yo. Todo lo que la vida te ha quitado, te lo devolverá. Poco a poco pero te lo devolverá.
[...]
Eugenia conectó muy bien con Pablo. Es una persona simpática, inteligente, lisonjera y mentora. Siempre que puede te ayuda, y se le da muy bien. Es cierto que la situación era difícil, ya que entrar en una casa y tener que ser la madrastra de un niño de 12 años es duro, pero ella se lo propuso. Pablo tiene un carácter difícil, que muchas veces chocaba con el de Eugenia. De hecho, ambos caracteres todavía se cruzan, pero es normal en la convivencia. Una cosa me quedó clara, y es que sin Eugenia, Pablo y Gabriel hubieran tenido una difícil cohabitación. Todo era más fácil a su lado, por eso Gabriel da gracias. ¿A quién se las da? Eso si que no lo sé, cada uno que piense lo que quiera.
Yo siempre pensaré que el destino está escrito, y que no cambiaría nada de mi pasado ya que no quiero desestabilizar mi presente.
Nos vemos el próximo sábado con el siguiente capítulo de Un pasado omnipresente.
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