"Con la buena educación es el hombre una criatura mansa y divina; pero sin ella es el más feroz de los animales. La educación y la enseñanza mejoran a los buenos y hacen buenos a los malos", Platón.
Ya sabéis que la vida de Pablo es como un montaña rusa. A veces subes, a veces bajas, a veces te das la vuelta....pero casi nunca vas recto. En una montaña rusa debemos utilizar las barras de seguridad para protegernos del posible peligro. Gracias a ello nos sentimos más seguros. Pues bien, creo que Marta fue la seguridad que Pablo necesitó.
Era como un ángel caído del cielo. Como buena hermana, Marta le ayudaba en todo y nunca le dejaba solo. Pablo todavía recuerda esos vídeos que hicieron en casa de su tía Cayetana...8 años y Pablo ya quería estar delante de una cámara informando. Parece mentira que 9 años después, el río siga fluyendo con normalidad. Ella era la pieza necesaria del puzzle de Pablo. Su sustentáculo y dilección eran indispensables. Él la quería mucho. Bueno, y la quiere. Ella es una persona sencilla, sin maldad en su corazón. Tiene un carácter fuerte pero no tiende a utilizarlo. Es atenta, cariñosa, simpática... Es la hermana perfecta, sin duda. Su lavia penetra en tu corazón, su mirada se adentra en tu cabeza, su sonrisa alegra tu día. Ella dejó sus estudios para ayudar a Pablo, un hermoso gesto.
Para mí la vida le está devolviendo todo lo que le ha quitado. Marido, trabajo, hijo, salud... Eso sí, seguirá estando en una felicidad intermitente.
Nos vemos el próximo lunes con el siguiente capítulo de Un pasado omnipresente.