"La salud es un estado transitorio entre dos épocas de enfermedad
y que, además, no presagia nada bueno", Winston Churchill
Psoriasis: Enfermedad crónica de la piel
que evoluciona en forma de brotes y se caracteriza por la aparición de manchas
rojas con escamas de color blanquecino que se localizan sobre todo en el cuero
cabelludo, provocando un cierto quemor y picor.
Rondaba el año 2002. Pablo tenía tan solo
4 años. Era el año de la felicidad. Todavía no había ocurrido nada con Jose,
todavía no se había detectado el tumor, el niño crecía sano y sin problemas, y
como guinda al pastel, el Real Madrid (equipo de la familia) ganaba la novena.
Era una buena fecha, a priori, tranquila. Pero no. Al pequeño de la casa le
empezaron a salir manchas rojas en la piel. Similar a la varicela.
Inmediatamente, fueron a su médico. El doctor Calvo no sabía con claridad de
qué se trataba, solo suponía que Pablo era alérgico a algún alimento y que esas
manchas eran debidas a esa mala pero a la vez inconsciente comida. El doctor
sugirió a la familia ir a Castellón para saber la respuesta mediante un
análisis.
Unos días más tarde, la familia al rescate,
excepto Marta, que estaba en Barcelona ocupada con sus estudios.
-Mamá, ¡yo quiero ser alérgico a la uva, a
la col o a las croquetas! -decía inocentemente Pablo.
-¿Por qué? Porque no te gustan, ¿no?
-respondía Ramona con una sonrisa en la boca.
-¡Claro! -decía Pablo con una carcajada de
por medio.
Finalmente, Pablo era alérgico a la
lactosa y sus derivados. Era lo que más le gustaba. Ya os podéis imaginar el
hastío del pequeño. A partir de ese día, 20 de Enero de 2002 (Visca Sant
Sebastià), Pablo dejó de tomar lactosa. Leche de soja por las mañanas, queso de
cabra para las comidas y chocolate puro sin trazas de leche para la merienda.
Puede parecer duro, pero lo más duro era lo siguiente. A medida que pasaban los
años, las manchas aumentaban por todo el cuerpo, y cada vez se hacía más
difícil untar a Pablo de esa crema para la psoriasis. En el 2004, cuando a
Ramona le detectaron cáncer, crecían los problemas. Ella se entristeció mucho
viendo a su hijo rojo, viendo a su hijo sufrir con los comentarios infantiles
en campamentos de verano o en clase. Es lo que tiene ser un niño, que no tienes
vergüenza de mofarte de la gente.
Con 11 años, a Pablo se le fue la
psoriasis. Ahora solo le queda alguna pequeña mancha sin importancia en la
cintura, que puede marchar con un poco de crema. Aunque el recuerdo más duro
para Pablo no es la picor o el complejo, sino el ver como su madre le untaba la
crema por el cuerpo cuando estaba dolorida y desanimada debido al cáncer.
Por suerte, semanas antes de la muerte de
Ramona, Pablo tenía mucho mejor la psoriasis, cosa que alegró y mucho a la
madre.
Desde aquí, solo puedo dar las gracias
porque Pablo se curó. Desde aquí solo puedo dar las gracias a Ramona porque le
amó.
Nos vemos el próximo lunes con el
siguiente capítulo de Un
pasado omnipresente.