lunes, 13 de julio de 2015

V - Un dolor constante.

"La salud es un estado transitorio entre dos épocas de enfermedad y que, además, no presagia nada bueno", Winston Churchill

Psoriasis: Enfermedad crónica de la piel que evoluciona en forma de brotes y se caracteriza por la aparición de manchas rojas con escamas de color blanquecino que se localizan sobre todo en el cuero cabelludo, provocando un cierto quemor y picor.

Rondaba el año 2002. Pablo tenía tan solo 4 años. Era el año de la felicidad. Todavía no había ocurrido nada con Jose, todavía no se había detectado el tumor, el niño crecía sano y sin problemas, y como guinda al pastel, el Real Madrid (equipo de la familia) ganaba la novena. Era una buena fecha, a priori, tranquila. Pero no. Al pequeño de la casa le empezaron a salir manchas rojas en la piel. Similar a la varicela. Inmediatamente, fueron a su médico. El doctor Calvo no sabía con claridad de qué se trataba, solo suponía que Pablo era alérgico a algún alimento y que esas manchas eran debidas a esa mala pero a la vez inconsciente comida. El doctor sugirió a la familia ir a Castellón para saber la respuesta mediante un análisis. 
Unos días más tarde, la familia al rescate, excepto Marta, que estaba en Barcelona ocupada con sus estudios.

-Mamá, ¡yo quiero ser alérgico a la uva, a la col o a las croquetas! -decía inocentemente Pablo.
-¿Por qué? Porque no te gustan, ¿no? -respondía Ramona con una sonrisa en la boca.
-¡Claro! -decía Pablo con una carcajada de por medio.

Finalmente, Pablo era alérgico a la lactosa y sus derivados. Era lo que más le gustaba. Ya os podéis imaginar el hastío del pequeño. A partir de ese día, 20 de Enero de 2002 (Visca Sant Sebastià), Pablo dejó de tomar lactosa. Leche de soja por las mañanas, queso de cabra para las comidas y chocolate puro sin trazas de leche para la merienda. Puede parecer duro, pero lo más duro era lo siguiente. A medida que pasaban los años, las manchas aumentaban por todo el cuerpo, y cada vez se hacía más difícil untar a Pablo de esa crema para la psoriasis. En el 2004, cuando a Ramona le detectaron cáncer, crecían los problemas. Ella se entristeció mucho viendo a su hijo rojo, viendo a su hijo sufrir con los comentarios infantiles en campamentos de verano o en clase. Es lo que tiene ser un niño, que no tienes vergüenza de mofarte de la gente. 

Con 11 años, a Pablo se le fue la psoriasis. Ahora solo le queda alguna pequeña mancha sin importancia en la cintura, que puede marchar con un poco de crema. Aunque el recuerdo más duro para Pablo no es la picor o el complejo, sino el ver como su madre le untaba la crema por el cuerpo cuando estaba dolorida y desanimada debido al cáncer. 

Por suerte, semanas antes de la muerte de Ramona, Pablo tenía mucho mejor la psoriasis, cosa que alegró y mucho a la madre. 

Desde aquí, solo puedo dar las gracias porque Pablo se curó. Desde aquí solo puedo dar las gracias a Ramona porque le amó.


Nos vemos el próximo lunes con el siguiente capítulo de Un pasado omnipresente.