lunes, 24 de agosto de 2015

XI - Un lugar mágico.

"Y al caer como un vestido el encanto de la novedad, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión que tiene siempre las mismas formas y el mismo lenguaje", Gustave Flaubert.

Desde 2008, los veranos de Pablo siempre han estado marcados por un gran campamento. Seidia era un lugar que parecía simple a primera vista pero que escondía muchísima magia. Los monitores te pintaban un sitio encantado, donde podías alucinar con cada rincón recóndito o donde podías atender atónito las historias relatadas por ellos. En tan solo diez días Pablo encontró un mundo del cuál nunca querría salir.

Él empezó siendo el típico niño tímido delante de todos, que tenía miedo de soltar alguna tontería delante de las chicas. Empezó siendo un chico frío y acabó siendo uno más en esa enorme familia. El buen rollo llevado a cabo durante tanto tiempo tiene su valor ahora. Vinaròs, Castellón, La Vall, Vila-Real, Benicassim... todos se unieron para abrir una puerta. Una puerta que podrá abrirse siempre que uno quiera.

Todavía recuerdo como Pablo hacía oírse cuando habían chicas delante. Todavía recuerdo como cada noche Pablo se ponía 'más guapo' para impresionar. Todavía recuerdo con quién fue al baile Pablo el primer y el último año. Todavía recuerdo el monólogo de Luís, el romance entre Leo y Tomás o los lloros de Ernest al irnos que dejaron a Pablo con un sabor de boca agridulce. Aunque Pablo fue solo el primer año, reconoce que sus padres acertaron apuntándolo. Seidia nunca defrauda, y como diría Héctor, nunca dejéis de soñar.

Gracias por estos siete años, gracias por enseñarme a miles de personas inolvidables.

Nos vemos el próximo lunes con el siguiente capítulo de Un pasado omnipresente.

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