[La muerte pone fin a una vida, no a una relación.]
Toda la familia sabía que Ramona iba a salir de ese túnel. Nadie temía en que se le acabase la fuerza de voluntad. Era fuerte, demasiado fuerte. Todos iban a estar con ella hasta el final. Repito, hasta el final.
Rondaba el año 2004. A la madre de Pablo le informaron de que padecía cáncer, cáncer de ovarios. Lo primero que pudo haber hecho cualquier persona sería ponerse a llorar y entristecer su rutina con tan solo un pensamiento. Ramona, como ya he dicho antes, era muy fuerte, por eso lo afrontó de una manera muy positiva. Su marido Gabriel asumió la enfermedad y se propuso sacarle una sonrisa a Ramona todos los días, para así hacerle más fácil la estancia en ese laberinto donde nadie quiere entrar, el cáncer.
La madre de Pablo empezó con la quimioterapia. A medida que pasaban los meses, a Ramona se le iba cayendo el pelo, empezaba a encontrarse mal, etc, pero NUNCA desapareció su sonrisa de la boca.
Al cabo de un año, la quimioterapia pasó y todo había salido con éxito. Parecía que se había acabado con el tumor. Parecía. Nada más ser sabedores de la noticia, la familia de Ramona hizo una fiesta en su casa. Por ahí andaba el pequeño Pablo, sin entender nada. Pero bueno, ya lo entendería más tarde, a él le tocaba disfrutar de su niñez. Estaban todos, no faltaba nadie. Bueno, sí, el tío José, pero no importaba. Lo importante es que había un clima de satisfacción, felicidad y despreocupación. Pasaron tres meses y Ramona fue a hacerse un análisis para ver si todo había transcurrido con normalidad. ¿Normalidad? ¿En la vida de Pablo? No. El tumor seguía ahí. Lo que hace un año y medio fue un 'Ramona, tiene cáncer, pero con la quimioterapia tiene un 89 % de salvarse', ahora fue un 'Ramona, vuelve a tener cáncer...'. La madre de Pablo era muy inteligente, y sabía que de esa no se iba a salvar. Lo llevó muy mal, como marcan los cánones.
Hubo un momento en el que el doctor le dijo a Gabriel que su mujer no aguantaría más de dos semanas. Acto seguido de derrumbarse, Gabriel llamó a su hijo Marta, le comentó como pudo que su madre iba a fallecer y le dijo que viniera a Vinaròs, a darle el último adiós. Marta dejó la universidad durante unas semanas para estar con su madre. Mientras tanto, Gabriel iba preparando a Pablo para la terrible notícia. La última imagen que tiene Pablo de su madre es verla en el salón de su tía Cayetana, con una máquina para andar y dando una de sus últimas sonrisas a su hijo. Ramona estaba pálida, sin fuerzas, triste y a la vez feliz, porque sabía que todos iban a salir a flote por ella.
-Pablo...Como ya sabes...la mamá tenía una enfermedad muy fuerte, que le iba dejando sin fuerzas día tras día. Hoy ha llegado el último día. Pablo, la mamá ha muerto. -decía Gabriel desconsolado.
-Pablo pasó por tres fases.
1-Incredulidad
2-Impotencia
3-Ira = Lloros
8 de octubre de 2006. Descansa en paz. Ramona Safont Obiol.
Nos vemos el próximo lunes con el siguiente capítulo de Un pasado omnipresente.
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