lunes, 6 de julio de 2015
IV - Un final (in)esperado.
Toda la familia sabía que Ramona iba a salir de ese túnel. Nadie temía en que se le acabase la fuerza de voluntad. Era fuerte, demasiado fuerte. Todos iban a estar con ella hasta el final. Repito, hasta el final.
Rondaba el año 2004. A la madre de Pablo le informaron de que padecía cáncer, cáncer de ovarios. Lo primero que pudo haber hecho cualquier persona sería ponerse a llorar y entristecer su rutina con tan solo un pensamiento. Ramona, como ya he dicho antes, era muy fuerte, por eso lo afrontó de una manera muy positiva. Su marido Gabriel asumió la enfermedad y se propuso sacarle una sonrisa a Ramona todos los días, para así hacerle más fácil la estancia en ese laberinto donde nadie quiere entrar, el cáncer.
La madre de Pablo empezó con la quimioterapia. A medida que pasaban los meses, a Ramona se le iba cayendo el pelo, empezaba a encontrarse mal, etc, pero NUNCA desapareció su sonrisa de la boca.
Al cabo de un año, la quimioterapia pasó y todo había salido con éxito. Parecía que se había acabado con el tumor. Parecía. Nada más ser sabedores de la noticia, la familia de Ramona hizo una fiesta en su casa. Por ahí andaba el pequeño Pablo, sin entender nada. Pero bueno, ya lo entendería más tarde, a él le tocaba disfrutar de su niñez. Estaban todos, no faltaba nadie. Bueno, sí, el tío José, pero no importaba. Lo importante es que había un clima de satisfacción, felicidad y despreocupación. Pasaron tres meses y Ramona fue a hacerse un análisis para ver si todo había transcurrido con normalidad. ¿Normalidad? ¿En la vida de Pablo? No. El tumor seguía ahí. Lo que hace un año y medio fue un 'Ramona, tiene cáncer, pero con la quimioterapia tiene un 89 % de salvarse', ahora fue un 'Ramona, vuelve a tener cáncer...'. La madre de Pablo era muy inteligente, y sabía que de esa no se iba a salvar. Lo llevó muy mal, como marcan los cánones.
Hubo un momento en el que el doctor le dijo a Gabriel que su mujer no aguantaría más de dos semanas. Acto seguido de derrumbarse, Gabriel llamó a su hijo Marta, le comentó como pudo que su madre iba a fallecer y le dijo que viniera a Vinaròs, a darle el último adiós. Marta dejó la universidad durante unas semanas para estar con su madre. Mientras tanto, Gabriel iba preparando a Pablo para la terrible notícia. La última imagen que tiene Pablo de su madre es verla en el salón de su tía Cayetana, con una máquina para andar y dando una de sus últimas sonrisas a su hijo. Ramona estaba pálida, sin fuerzas, triste y a la vez feliz, porque sabía que todos iban a salir a flote por ella.
-Pablo...Como ya sabes...la mamá tenía una enfermedad muy fuerte, que le iba dejando sin fuerzas día tras día. Hoy ha llegado el último día. Pablo, la mamá ha muerto. -decía Gabriel desconsolado.
-Pablo pasó por tres fases.
1-Incredulidad
2-Impotencia
3-Ira = Lloros
8 de octubre de 2006. Descansa en paz. Ramona Safont Obiol.
Nos vemos el próximo lunes con el siguiente capítulo de Un pasado omnipresente.
lunes, 29 de junio de 2015
III - La vida es una caja de sorpresas.
Ser madre es equivalente a estar pendiente todos los días de un hijo. Ser madre tiene una responsabilidad máxima en todas las decisiones, acciones y comportamientos. Para un niño, una madre es un espejo donde mirarse. Es la persona que te cuida a más no poder desde pequeño, que te idolatra, que te da un empujón cuando lo necesitas. Ella te trajo a la vida.
El ser humano no tiene necesidad de adquirirlo todo desde un principio. Hay cosas que obtiene solas, como por ejemplo una familia, una casa, ropa, comida, etc. Desde pequeños nos acostumbramos a este conjunto de 'pertenencias' sin darnos cuenta de que no las valoramos suficiente. ¿Qué ocurre si lo perdemos? Que lo echamos de menos, lamentándonos sin cesar por la perdida. En este caso, la perdida fue la madre de Pablo.
Ramona era una excelente mujer. Siempre te dedicaba una sonrisa, siempre se preocupaba por sus seres queridos, siempre te decía la verdad... Era perfecta. También puedo destacar su fuerte carácter y su precioso rostro. Lo tenía todo. No bebía ni fumaba, le gustaba cuidarse. Observando estas características, podréis pensar '¡Menuda suerte la de Pablo!'. Pues sí, menuda suerte. No podía quejarse de sus padres...podría quejarse de otra cosa más tarde.
Cuando el cáncer aparece, tus ojos empiezan a visualizar las nubes en un cielo placido. Que deciros ya, si en Internet están todos los síntomas de la A a la Z... Aunque los sentimientos de un familiar no pueden encontrarse en ningún sitio. Era el año 2004. Pablo tenía tan solo 6 años. A Ramona le diagnosticaron cáncer. Cáncer de ovarios. No recuerdo muy bien la fecha en la que le comentaron la noticia, solo se que hicieron lo posible para que no notase ningún cambio. Todos tenían la esperanza de que se curase. Ya sabéis el dicho, la esperanza es lo último que se pierde. Yo creo que en este caso, lo último que perdió Pablo, fue a su madre.
Nos vemos el próximo lunes con el siguiente capítulo de Un pasado omnipresente.
lunes, 22 de junio de 2015
II - El poder del orgullo.
Pablo contestaba con un sonoro lloro, como era de esperar.
-¡Vamos, es ya tu primer día de guardería! -anunciaba Ramona.
Ese día, empezaría una gran aventura de la que todo niño no quiere salir. Allí conocería amigos y amigas increíbles. Tranquilos, hablaremos de ellos más tarde. Ahora viene un tema serio.
Orgullo: Exceso de estimación propia, arrogancia.
Os preguntaréis que pinta aquí esta definición. Bien, es muy sencillo. El tío de Pablo, Jose, era buena persona en el fondo. Tenía una coraza importante que solo podía romperse en caso extremo. La madre de Pablo, Ramona, no se parecía a él en este aspecto,solo en el carácter. La tía de Pablo, Cayetana, era una persona muy sencilla, agradable y similar a Ramona, aunque ella no aparece en este capítulo.
Después de esta breve introducción familiar, os explico el caso. Al fallecer los padres de Ramona, Jose y Cayetana, el piso en el que vivían quedó vacío, por tanto, esa vivienda quedaba en propiedad de los tres. Cayetana quiso desentenderse y quiso evitar los problemas. Un momento, ¿qué problemas? Este. Ramona quería el piso ya que tenía una relación sentimental para ella. Había pasado horas allí cuidando a sus padres junto a Gabriel. (Los padres de Ramona eran Julio, que murió en el 2003, y Dolores, que falleció en el 1998)
Jose dijo que se negaba a vender el piso a su hermana y familia por menos de la cifra que ofrecía una pareja de franceses. Algo injusto, ya que la madre de Pablo cuidó mucho de sus padres como he dicho anteriormente y puede que esa fuera su recompensa. No hablo de obtener el piso gratis, pero sí de adquirirlo por un precio más bajo. Pero no, a Jose le pudo la avaricia y vendió el piso a los franceses. Ahí empezó a romperse la relación entre Ramona y su hermano. Como dice el dicho, todo tiene un final. Efectivamente. Estuvieron meses y meses sin hablarse, hasta que finalmente, la coraza de la que antes he hablado se rompió. Ramona murió de cáncer, y hasta ese período trágico, Jose no le dirigió la palabra. Nunca sabré que fue lo último que le dijo. Quizá fue un menesteroso perdón, unas lágrimas desguarnecidas sin palabra ninguna, o un silencio que otorgaba la muerte. Ya era demasiado tarde. El orgullo lo había matado todo. A esto me refería cuando os definía dicha palabra. A esto me refería con el título del post.
Una historia con un final trágico, una historia que Pablo asimilaría con el paso de los años, una historia que escucharía tan solo una vez pero que le quedaría clavada para el resto de su vida. A partir de eso, Pablo sería consciente de lo poco que ayuda ser orgulloso.
[No valoramos las cosas que tenemos hasta que las perdemos.]
PD: El porqué del comienzo de este post (diálogo del principio) es para que os hagáis a la idea del contexto temporal. 2 o 3 añitos tenía Pablo.
Nos vemos el próximo lunes con el siguiente capítulo de Un pasado omnipresente.
sábado, 20 de junio de 2015
I - Introducción del presente.
Y es que diecisiete años, dan para mucho. Hoy voy a hablaros del día más importante de su vida, del día en que empezó todo.
Sus padres, Gabriel y Ramona, dudaban qué nombre ponerle. Desde un principio temían esa tarea, por muy simple que sea. Su hermana Marta quería que le llamasen Pablo, ya que es un nombre sencillo pero a la vez bonito. Viene del latín paulus, que significa pequeño, hombre humilde. La elección fue difícil. Había varios nombres sobre la mesa, pero finalmente todos se pusieron de acuerdo. Pablo. Sí, Pablo.
[...]
Nueve meses después, llegó el día. Era una bonita mañana de noviembre. Todo tr...Perdonad, se me olvidaba. Era 1998. Sí, el año en el que Francia ganó la Copa del Mundo, en el que Maradona se retiró del fútbol profesional o en el que el Real Madrid ganó la Séptima. Como me gusta el fútbol. En fin, ahora sí.
Todo transcurría con normalidad hasta las once de la mañana de un miércoles 11. ¿Qué cosas, no? Día 11, del 11, a las 11:00 h. ¿Casualidad o destino? Preguntadle a Pablo. Ramona dio a luz. Era un bebé precioso.(O eso dicen). Ojos verdes, rubio y gordito. [Que curiosa es la vida a veces. La gente te ve nacer llorando y tú mueres viendo como lloran por ti.] Pues bueno, todo había ocurrido con normalidad, sin ningún percance.
Era un niño sano, aunque desconozca el peso y la altura. Empezaba la felicidad transparente.
Pablo se veía protegido con su familia, una familia de luchadores natos. Más tarde entenderéis el porqué de ambas palabras calificativas. Todo iba bien, pero siento informaros de que los problemas, vendrían más tarde.